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BLOG - Fortalecimiento institucional
Una invitación a no darnos por satisfechos
Guillermo Carvajalino , diciembre 12 de 2009
Comentarios sobre el libro ‘Hacia una Gestión Social crítica y transformadora’ de la Fundación Promigas.

Todo libro es una invitación, y este libro que entrega la Fundación Promigas no es una excepción. Es una invitación a conocer la labor de una fundación, el compromiso de una empresa y la dedicación de un equipo de personas. Una década de trabajo recogida de manera apretada en unas pocas páginas.

Se dice rápido una década, es poco tiempo para una sociedad, para una organización, aún para una vida humana y, sin embargo, en estos diez años de trabajo la Fundación Promigas ha logrado transformaciones importantes, transcendentes y sostenibles en comunidades, escuelas, maestros y niños.

¿Cómo valorar que una comunidad haya podido resolver alguno de sus problemas, una escuela haya mejorado su gestión, que un maestro enseñe mejor o que un niño pueda leer y sumar y eso le permita ser más feliz? Si logramos que ese niño sea más feliz y tenga más oportunidades, en ello podemos dejar que resida nuestra satisfacción con el deber cumplido: ese niño al que se le cambió la vida representa, de alguna manera, a todos los niños. Esa noche podemos apagar la luz y descansar tranquilos con nuestro aporte y la satisfacción del deber cumplido.

Sin embargo, la invitación que nos hace el libro de la Fundación Promigas no es, precisamente, una invitación a dormir tranquilos, ni a estar satisfechos con lo que se ha hecho. El valor de esta obra radica en el testimonio de un grupo humano y de una organización que no han descansado ni se han dado por satisfechos con los logros que han alcanzado. Las necesidades son tantas, la tarea tan grande, las exigencias tan demandantes, que el único enfoque posible es el de mejorar continuamente.

Esta historia es, precisamente, una experiencia concreta de mejoramiento continuo, de transformación permanente, de cuidado y atención al proceso, de lectura atenta y comprometida con lo que pasa en la comunidad, con la escuela, con los beneficiarios de los programas y con los proyectos que realiza la Fundación.

Mi invitación como comentarista de este libro es a que lo lean con atención. Recomiendo que la lectura se haga en tres niveles, viendo circular sus ideas en tres carriles, como en una autopista. Por un lado, el libro como la historia de una empresa que actúa de manera socialmente responsable y la Fundación que expresa y materializa esa intención; en segundo lugar, el libro como un manual de buena gestión de programas sociales, lleno de enseñanzas para todos los que ejercemos nuestra profesión en este campo; y, en tercer lugar, el libro como una visión del mundo: el centro es el ser humano y esa humanidad es la que da razón a nuestros esfuerzos. De esta combinación de lecturas podemos sacar muchas enseñanzas sobre cómo actuar de manera trasformadora ante nuestra realidad.

La responsabilidad de una empresa y sus empleados con la sociedad

El libro inicia con una interesante reflexión sobre el origen y evolución de la Fundación Promigas y el contexto político, institucional y empresarial en que se desenvuelve. Los últimos veinte años han sido años complejos, marcados por una profunda transformación en diversos frentes; uno de los más interesantes ha sido el de la modernización empresarial del país. El mundo empresarial, desde mediados de los ochenta se vio abocado a transformarse para sobrevivir: modernización tecnológica, atracción de capitales, búsqueda de nuevos mercados, transformación de las prácticas de gestión, etc.

Ello permitió la rápida llegada al país de conceptos y principios gerenciales, entre ellos, el de la responsabilidad social empresarial, que en los últimos tiempos aparece de manera permanente en medios de comunicación, revistas especializadas y de opinión, en encuentros, simposios y congresos, aún en publicidad abierta que pretende caracterizar marcas y productos por ser socialmente responsables.

En medio de esta evolución, Promigas, una empresa de la costa Caribe colombiana, como tantas otras empresas colombianas de diversas regiones, desarrollaba sus prácticas empresariales de manera callada, cuidadosa, seria, atendiendo las necesidades de clientes, trabajadores, proveedores, comunidades, y otros grupos relacionados. En últimas, ejerciendo la responsabilidad social sin saberlo, antes de que las cosas se llamaran por ese nombre. Primera conclusión, ser socialmente responsable no es una cuestión ni de llamarlo así, ni de pregonarlo, sino de practicarlo.

En su dimensión de atención a la comunidad, el ejercicio socialmente responsable de Promigas se expresaba de manera espontánea, generosa y dispersa. Ante la situación, y seguramente sintiendo que trabajar en Promigas era un privilegio que generaba responsabilidades, sus propios empleados deciden crear Fundagas, que luego evolucionaría a la Fundación Promigas. Para mi es un hecho “sui generis”, pues es la única fundación que conozco cuyo origen surgió de los propios empleados y que, luego, por iniciativa de Antonio Celia, se transformó en fundación empresarial, pero sin perder del todo su carácter y pertenencia a los empleados de la empresa. Segunda conclusión: el ejercicio de la responsabilidad no es sólo una cuestión de accionistas, de dueños, de grandes capitales: todos y cada uno podemos ser socialmente responsable y unirnos en el esfuerzo asegura buenos resultados.

La primera sección del libro termina contando los tres momentos de la evolución de la Fundación Promigas, a partir de 1999. Primero, una concepción del desarrollo humano centrada en el apoyo a proyectos comunitarios y de infancia; luego, la concentración de los esfuerzos en la educación básica; finalmente, la focalización en procesos de cambio educativo institucional mediado y transformador. Al conocer y reflexionar sobre estas etapas, uno llega a una tercera conclusión: no se trata sólo de hacer el bien, sino de hacerlo bien; no estar nunca satisfecho, trabajar por mejorar continuamente y lograr cambios sostenibles a través de la reflexión, la crítica constructiva y el crecimiento personal e institucional.

El modelo de Gestión Social

En la Presentación del libro, Rosa Ávila, quien tuvo a su cargo la investigación y redacción del texto de la obra que se presenta, señala que la pregunta que orientó el trabajo era sobre la existencia y características de un modelo de Gestión Social de la Fundación Promigas. Realmente, ¿existe algo que podamos llamar un “modelo” en el conjunto de fundamentos, objetivos, procesos, acciones y evolución de los que hace esta Fundación?

Responder a esta pregunta y caracterizar el resultado es el contenido de la segunda parte del libro. Al empezar, la propia autora, sabiamente, advierte que no se deben presentar malos entendidos etimológicos: las acepciones del término remiten a “patrón” (prototipo inmodificable) y “ejemplo” (conjunto de verdades incuestionables que deben ser seguidas). Lo que en el contexto de esta obra se llama el modelo de gestión social de la Fundación Promigas es el resultado de un aprendizaje colectivo, dinámico, vivo y complejo. Por ello, prefiero una definición de modelo más sencilla, como la descripción simplificada y sistemática de la forma en qué se hacen las cosas recurrentemente en una organización.

Esta definición nos permite hablar, precisamente, de un Modelo que recoge la forma en que durante esta década la Fundación Promigas ha desarrollado unos conceptos, combinado unos insumos, y gestionado unas prácticas, con miras a producir unos resultados significativos y sostenibles en las comunidades y escuelas en que ha intervenido.

Según lo plantea Antonio Celia en la introducción, el modelo de gestión social es concebido “… como una propuesta en construcción permanente (y) es reiterativo al plantear que un elemento clave para generar transformaciones que apunten a la dignificación y libertad del hombre consiste en actuar desde una ética social que promueva el bien común y la justicia. Esto exige a las organizaciones comprometerse con el desarrollo integral del ser humano y actuar con respeto, prudencia, responsabilidad y solidaridad especialmente con los sectores más desprotegidos”.

Los elementos de este modelo, que son recogidos de manera detallada en el libro, pueden describirse en tres grandes bloques: por un lado, el marco filosófico, por otro, el marco conceptual y, por último el marco operativo.

Filosofía: un marco para actuar en el qué y en el cómo

El marco filosófico de las actuaciones de la Fundación Promigas está formulado de manera expresa. La finalidad de todo desarrollo, y por lo tanto de todo programa social, es el ser humano: la competitividad, la productividad, la riqueza, aún los conocimientos, son sólo medios para el logro de un fin más trascendente: un ser humano verdadero, más completo, mas realizado, más feliz.

La fundación asume una ética del desarrollo humano, que trasciende la moral individual para inspirarse en los principios de la moral social: la afirmación de la dignidad de la persona humana, la exigencia de la justicia con equidad y el compromiso solidario con el bien común.

Pero esa filosofía no tiene que ver sólo con los fines, lograr un ser humano integro, sino con el cómo, esto es, no todo proceso de desarrollo es válido: sólo lo será aquel que logre despertar las potencialidades que los seres humanos llevamos dentro. No se trata de dar, sino de participar con el otro en un ejercicio de solidaridad que conduzca al crecimiento.

En resumen, “el ser humano es el principio y el fin de toda responsabilidad social”.

A partir de esta concepción humanística, es natural que la Fundación haya privilegiado a la educación como el instrumento idóneo para fomentar el desarrollo integral de las personas. A través de la educación se pueden activar las potencialidades del ser humano y contribuir “… a la equidad, a la inclusión a la movilidad social y al desarrollo de las vocaciones”.

La educación, para que sea efectiva, debe cumplir tres propósitos centrales: formar para la vida social, generar y desarrollar capacidades y asegurar a sus actores en un marco de ética y responsabilidad.

El humanismo del enfoque del modelo de gestión social, no sólo se refleja en la concepción de la educación como un instrumento para formar seres humanos integrales. La otra dimensión de ese humanismo se manifiesta en la forma de trabajar de los funcionarios de Fundación Promigas: la modestia, la generosidad, el compromiso, la cercanía a la realidad concreta. Nunca se es tan humano como cuando nos acercamos a nuestros semejantes y se les tiende la mano no con una limosna, sino con compromiso y solidaridad.

En su conjunto, los principios filosóficos que orientan la acción social de la Fundación Promigas son los que permiten que su modelo de gestión social se “mueva desde el compromiso y la convicción; busque desarrollar capacidades en las personas y en las organizaciones y genere redes de aprendizaje”.

Marco conceptual: cómo se construyen los proyectos

Alguien dijo alguna vez que no había nada tan práctico como una buena teoría. Pues bien, la Fundación Promigas encontró una de estas teorías prácticas en el concepto de “la construcción social del desarrollo humano”. A partir de ella, la Fundación ha logrado estructurar una forma de intervenir en las comunidades y en las escuelas.

Esta teoría concibe el desarrollo como el paso del ser humano social de un nivel de desarrollo actual, a un nivel de desarrollo potencial, mediante el desencadenamiento de las capacidades de las personas. El papel de los agentes de desarrollo, como programas sociales, fundaciones, gobiernos, debería ser el de mediar para que esas capacidades se expresen y salgan a flote.

Se parte del reconocimiento de que “el desarrollo de las capacidades de las personas y de los grupos puede ser potenciado por la relación con los otros, por el aprendizaje y la acción colectiva, por el proyecto. La capacidad es un producto sociocultural, constituye la herramienta personal con la que se interactúa con el mundo y, en una perspectiva solidaria, es la herencia construida a diario que se busca transferir a otros.”

Las intervenciones de la Fundación pueden ser concebidas como “experiencias diseñadas para el desarrollo de las capacidades”.

Todo proyecto es entonces una mediación que, cuando se hace bien, adquiere la forma de proceso sistemático de cambio asesorado. Los proyectos de la Fundación se podrían asimilar a procesos de consultoría altamente organizados y continuos, en los que se acompaña mediante el diálogo, la consejería, y la construcción colectiva, los cambios de comportamientos, usos y prácticas que afectan el desempeño y potencialidades de comunidades y escuelas.

En últimas, mi experiencia en las tareas de consultoría a empresas y fundaciones muestra que el consultor lo más importante que hace es permitirle al asesorado sacar a flote sus propias capacidades y potenciar su desarrollo para aplicarlas en beneficio de la organización. Más que un sabio o un experto, el consultor es un mediador.

La Fundación trabaja como un consultor de alto nivel, que potencia capacidades para lograr cambios sostenidos. Entre otras cosas, esto explica que la Fundación haga tan poco despliegue de los recursos que invierte en sus programas sociales. Aunque es una Fundación con un presupuesto de programas apreciable en el concierto colombiano, su énfasis no es dar plata sino promocionar cambios estructurales y sostenibles.

Marco operativo: actuar y crecer a partir de lo concreto

Uno tendería a pensar, por esos mitos y leyendas que permean nuestra cultura, que un grupo de personas que da tanta importancia a un enfoque filosófico y a un marco conceptual debe ser insufriblemente poco práctico, que todo se le va en divagar, darle vueltas a las cosas y nunca aterrizar en lo concreto.

Pues bien, un grupo de personas como el que forman la Fundación Promigas, al tener una filosofía y unos conceptos claros, han podido construir un marco operativo basado en el trabajo de campo y la presencia en comunidades y escuelas.

Recomiendo a aquellas personas, empresas o fundaciones que quieren establecer o mejorar sus intervenciones sociales, leer con detenimiento esta sección del libro, en la que se describe el Marco Operativo de la Fundación. No voy a entrar en el detalle, pero me gustaría extraer algunas lecciones de lo que el libro llama el Subsistema de asesoría, capacitación y acompañamiento.

El primer aprendizaje es que tener un fuerte componente de asesoría y acompañamiento a comunidades y escuelas permite no sólo cuidar y verificar que los recursos destinados a los programas se están ejecutando debidamente, sino que, además, permite a la Fundación mantener un anclaje en el barro de la realidad.

Un segundo aprendizaje radica en el papel de la formación; los proyectos realizados por la Fundación tienen un fuerte componente formativo. Ahora bien, esa formación trasciende la relación formador – formado, y se estructura en torno al aprendizaje alrededor de la vida real; o sea, aprender haciendo. Cuando se aprende haciendo el aprendizaje se produce en ambas partes, la organización aprende, la comunidad también lo hace. Este es el verdadero sentido del aprendizaje transformador: se transforman los actores el que enseña y el que aprende.

Un tercer aprendizaje es que la Fundación parece haber resuelto de una manera práctica el dilema fundacional entre ser una fundación operativa o una fundación no ejecutora. Cada proyecto de la fundación cuenta con un asesor del proyecto responsable de la asesoría, la capacitación y el acompañamiento. El asesor es un experto que puede ser contratado, hacer parte de una organización o entidad aliada, o ser parte del equipo de profesionales de la Fundación. A su vez, el asesor cuenta con el acompañamiento del coordinador del proyecto, que siempre es un especialista de la Fundación, y con el apoyo de un profesional de campo del proyecto, que también hace parte de la Fundación. Esta estructura, en la medida en que va acompañada de los procesos correctos, permite a la Fundación contar con el apoyo de los mejores asesores, pero el mismo tiempo mantener el pulso de lo que pasa en el terreno, gracias al profesional de campo, y apropiarse del conocimiento generado por el proyecto, gracias al Coordinador del proyecto.

El subsistema de asesoría, formación y acompañamiento permite que los proyectos individuales rindan sus frutos, obtengan resultados y funcionen bien a nivel micro. Sin embargo, queda el problema de cómo generar procesos de escalamiento, que permitan que los proyectos alcancen cifras e impactos significativos. Para el efecto, la Fundación ha desarrollado un segundo Subsistema de diseño, pilotaje, réplica y escalamiento.

Sin entrar en el detalle, baste señalar, como lo hace Antonio Celia en la presentación del Libro, que “anualmente, cerca de 500 establecimientos educativos, 2.000 maestros y 200.000 estudiantes, especialmente de la región Caribe colombiana, se benefician de sus metodologías de trabajo, en alianza con distintas empresas y organizaciones”.

En este proceso de escalamiento, la Fundación ha sido cuidadosa en definir unos criterios orientados a prevenir que el modelo mismo quede desvirtuado: cuáles son los límites al crecimiento de la estructura de la Fundación, cómo asegurar la calidad de los operadores competentes de los proyectos, cómo asegurar la sostenibilidad y permanencia de los cambiose comunidades y escuelas, etc.

Finalmente, la Fundación contempla dentro de su marco operativo un Subsistema de gestión y transferencia del conocimiento, que busca de manera explícita sistematizar la experiencia obtenida y compartirla con actores relevantes del sector educativo, el mundo fundacional y empresarial. Esta subsistema está concebido como un proceso iterativo, en el que se pretende generar un diálogo por etapas sucesivas y como en tantas otras cosas de la fundación no se trata de enseñar como de aprender.

Desde mi punto de vista en este Subsistema de gestión del conocimiento está el futuro y más profundo factor diferenciador de la Fundación. Sin abandonar los otros subsistemas encaminados a intervenir en proyectos mediados de cambio, o en procesos de pilotaje, replicación y escalamiento de intervenciones, el más potente instrumento de la Fundación estará en la capacidad de gestionar ese conocimiento adquirido en la práctica y transferirlo a la sociedad.

En primer lugar, y pidiendo excusas por meterme al rancho de mis anfitriones, creo que el modelo de gestión social de la Fundación Promigas podría ser aplicado con éxito por las otras fundaciones del grupo, tanto en la costa Caribe como en otras regiones del país.

En segundo lugar, el modelo podría ser llevado a otras empresas, distintas a las del grupo Promigas, vía alianzas y convenios de aprendizaje y cooperación. Para ello, la Fundación Empresarios por la Educación puede actuar como un vehículo ideal, ya que agrupa a más de un centenar de empresas comprometidas con el tema educativo.

En tercer lugar, la Fundación Promigas podría ser un generador y trasmisor de ideas que se están generando en otras partes del mundo y que podrían ser traídas a nuestro contexto con el propósito de mejorar la calidad de la educación. Estoy hablando de reformas como las que se están produciendo en estos momentos en los Estados Unidos, con el nuevo gobierno, y que van dirigidas a generar un sistema de incentivos individuales e institucionales que promuevan la calidad de la educación.

Finalmente, no se menciona el tema de la transformación de las políticas públicas educativas. Algunas experiencias de la propia Fundación Promigas, como el desarrollo del SICIED, el diplomado en Gestión Educativa, la participación en procesos como Barranquilla cómo vamos o los reportes educativos realizados en asocio de ExE y PREAL, son ejemplos valiosos de intentos de promover políticas públicas en la dirección correcta.

Creo que la tarea pendiente es complementar el Modelo de Gestión Social con una formulación y una práctica más sistemática que permita a la Fundación Promigas y sus aliados lograr mayor efectividad en el escalamiento de sus intervenciones.

Lecciones aprendidas, factores diferenciadores y testimonios: los resultados del Modelo en breve

Para el lector apurado, recomiendo la lectura de los últimos capítulos, en los cuales se recogen las lecciones aprendidas a lo largo de estos diez años, los factores diferenciadores que hacen a Fundación Promigas lo que es y los testimonios de maestros, directivos docentes y líderes comunitarios. Por supuesto, a ese lector apurado se le despertará la curiosidad de conocer los detalles del modelo del cual surgieron estas experiencias testimonios y lecciones.

Déjenme para terminar, simplemente decir que al final de cuentas cualquier modelo de gestión, y más un modelo de gestión social, depende para su construcción, despliegue y operación de un equipo humano. No olvidemos que el modelo es una formalización de la realidad, detrás de él existen personas que con su entusiasmo, su compromiso, su dedicación y su conocimiento, hacen posibles los resultados.

El caso de la Fundación Promigas no es una excepción. Julio, Luz Marina, Anuar, Sandra, Marta y todo el equipo son el alma viva detrás del modelo. A esa construcción contribuyó Alba Sierra y Lucía Ruiz cuando ocuparon la responsabilidad de la dirección. Al final, la Fundación es también el resultado del esfuerzo de su Junta Directiva y de todos los empleados de Promigas, bajo el liderazgo lúcido y comprometido de Antonio Celia.
Etiquetas: Fundación Promigas, libro, comentario
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Guillermo Carvajalino
Sociólogo con más de 25 años de experiencia en la creación, dirección y asesoría de fundaciones de origen empresarial (fue Director de la Fundación Corona durante 14 años, 1988 – 2002 y de Fundación Empresarios por la Educación durante 6 años, 2002-2007), experto en el diseño, implementación y evaluación de estrategias y programas de responsabilidad social empresarial.
Descripción
La Fundación DIS entiende la generación de valor social como la formación y desarrollo de capacidades en individuos y organizaciones, para que asuman sus responsabilidades y derechos de manera autónoma y logren avanzar de manera sostenida en su bienestar.
2009
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2010
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2014
Noviembre
Grupos de interés: definición, estrategia y compromisos
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